El Ego y psicolgia mistica.


¿Cuál es mi Misión?



Esta pregunta está hoy en boca de todos, desde niños 
hasta ancianos que buscan su Misión.



Es un dilema que ha estado vigente en la humanidad desde sus principios.

¿Cuál es el propósito de mi vida? ¿Qué rol cumplo en esta totalidad? 
¿Qué importancia tengo en este Universo, aunque soy tan pequeño?




Todos tenemos un propósito… cada semilla, ave, animal, cada humano, cada
 célula y estrella, tienen un propósito por el cual existen. 
La existencia misma es un propósito: el movimiento; por más absurdo que 
 parezca, el propósito que todos juntos tenemos, es el constante movimiento,
 nunca debe detenerse, nuestra misma naturaleza lo necesita, nuestros sueños nos
 impulsan en los momentos en que nos estancamos. Cuando la vida ha llevado a
 alguien  a una monótona vida de oficina, de la cual sabe que no es su realidad, sus
 sueños   son quienes muestran su propósito.

Nuestras habilidades, aquello en lo que somos buenos, nuestros hobbies, nuestras
 ideas,  por más locas que sean, esos aspectos son los que están metidos en nuestra 
genética y personalidad, los cuales nos guían hacia nuestro propósito individual. 
Hay que hacer caso  a aquello que sabemos y tenemos como habilidades, ellas son 
el camino hacia nuestra realización.

La Misión, no es un trabajo que cumplir, muchas veces podemos creer que nuestra
 misión  puede ser dura, o algo que hemos pactado… pero en realidad, ella es nuestra
 propia  realización como seres. 
En el proceso de realizar nuestra misión, la vida nos enseña las herramientas con
 las cuales la lograremos.




¿Cuáles son esas herramientas?




Tenemos dos tipos de herramientas para lograr el cumplimiento de nuestra misión:
 las Positivas y las Negativas. Ambas nos ayudarán.






Las Positivas son las que mencioné antes: nuestras habilidades, nuestros hobbies, 
aquello que nos agrada o en lo que somos buenos. Esto nos acerca a la misión, porque
 descubrimos que todo lo que venimos a hacer al mundo, está relacionado con lo que nos
 hace felices. Muchas veces la sociedad castigará o criticará a quienes son felices
 cumpliendo con sus habilidades, puesto que la sociedad capitalista o comunista no 
comprende cómo alguien puede subsistir sin el esfuerzo natural al cual el humano está 
sometido; la idea siempre fue que había que trabajar con el sudor de la frente para lograr 
algo… pero todos bien sabíamos que eso sólo es una parte del aprendizaje, y que
 nuestro propósito no se logra con el sudor, sino con la alegría.




Las Negativas son nuestros karmas, las cosas a las que nos enfrentamos que nos 
desagradan. Tener que trabajar en sitios a los cuales no le encontramos el propósito, 
estar  en ambientes con personas que nos desprecian o desvalorizan, ayudar sin 
entender la razón, sufrir una vida de constantes pérdidas o separaciones… Todos estos  
aspectos negativos a corto plazo, son positivos a largo plazo… es lo que podemos llamar: 
la Preparación. Estar en situaciones feas, encasilladoras, en trabajos sin entendimiento, 
todo esto nos hace aptos para enfrentar las adversidades que comprenden nuestra Misión.
 Debemos estar atentos a ello, pues nos servirán de mucho al hacerlo consciente… 
piensen: ¿qué saco yo de esta situación? ¿Qué he de aprender de esta experiencia?
 ¿Qué me aporta este trabajo o relación?




Todo es un aprendizaje constante y una preparación para el cumplimiento de la Misión…
 pero lo más loco de este cumplir… es que no importa si eres consciente de haberlo
 hecho.

Claro está que cuando uno es consciente de sus propósitos, nos vemos ya en un plano
 evolutivo más flexible, más sutil. Saber cuál es la Misión individual es importante para 
nuestra realización como individuos.




¿Es bueno saber cuál es mi Misión?




Deben de tener en cuenta los aspectos positivos y negativos de saber cuál es la misión.

Lo positivo, como dije: te posiciona en un nivel flexible de la evolución, en la que eres
consciente de que todo lo que sucede te está preparando para esa función que has 
venido a realizar. Estás atento, y dispuesto a estas situaciones.

El lado negativo es que cuando uno reconoce su misión, está pendiente de su realización…
y muchas veces eso le trae problemas. Querer que suceda ya, adelantar los tiempos, las
acciones… llega la angustia y desesperación, pues las cosas no salen como se las espera,
 y así la frustración invade el cuerpo. Ve el contexto y se enloquece al ver la casi 
imposibilidad de su misión, y prácticamente termina por no cumplirla.




¿Entonces… cómo cumplo mi Misión?


En realidad, la Misión se cumple muy fácilmente: viviendo.

Despreocúpense de su Misión.

Hace mucho tiempo, antes de nacer, todos, cada uno de ustedes, se reunió con un grupo
 de almas, seres, guías y maestros con los cuales debatieron su misión, ellos están ahí
 para ayudarlos en el cumplimiento de la misma… ¿cómo? A través de “deja vú”, de 
señales, palabras, películas, libros, carteles incluso… ¿Cuál es mi punto? Que mucha
 gente cumple su Misión y muere sin saber que la ha cumplido… sin embargo, hizo lo 
que tenía que hacer.

Es la Nueva Era un hervidero de ideales que estaban trabados, pero no por haber estado
 en el inconsciente colectivo, no se hacían.




Nuestra mayor herramienta hoy a diferencia de ayer, es que SABEMOS que existe una 
Misión que hemos pactado cumplir. Cosa que antes no sabían, pero sin embargo, se 
cumplían por el inconsciente y subconsciente.

No importa cuál es nuestra misión, lo importante es estar atento a las señales que nos
 guían a su cumplimiento.

Piensen muy bien lo siguiente… hay muchos que se están conectando o que ya están
 conectados, y que entre los 5 años y los 20 años ya saben cuál es su misión, pero lo 
que no saben es que comenzará a concretarse a su 45 o 60 años de edad… mientras
 tanto pues… se frustran con la vida misma y entran en ira o melancolía. Por eso mismo,

 mi consejo es el siguiente:

No vivimos para cumplir con nuestra misión… nuestra misión es vivir. Disfruten de cada
 instante de la vida, siendo conscientes de que sus vidas son un importante eslabón que
 han de mover. No se detengan a observar y buscar el propósito de su vida, simplemente
 vivan, estén atentos, y encuentren el propósito.




Seguiré insistiendo:
¿Cuál es mi Misión?

"...No vivimos por nuestra misión, nuestra misión es vivir…
...no busquen el propósito de su vida, encuéntrelo en el vivir..."









¿AUTOESTIMA O EGOESTIMA?  

En un honesto deseo por ofrecerle a los hijos las mejores oportunidades y experiencias para que estén mejor preparados, vivan más felices y tengan más éxito, los padres hoy en día hacen hasta lo inimaginable por ofrecerles todo lo que desean. Sin embargo, lo que consiguen, es hacerles daño en lugar de ayudarlos. Al igual que cuando se le pone demasiada agua a una planta que, en lugar de nutrirse, se pudre, los excesos lejos de beneficiar están perjudicando la formación de los hijos. Y en esta forma, contrario a lo deseado, en vez de promover en ellos una buena autoestima, se les cultiva una gran "egoestima". Se les fortalece el narcisismo, convirtiéndolos en personas indolentes, que piensan ante todo en sí mismas y anteponen su beneficio individual sobre todo lo demás. Es decir, los desmedidos esfuerzos por procurar enriquecer su autoestima, están perjudicando el cultivo de su buen corazón e impidiendo que desarrollen las fortalezas que les permitirán crecer como personas útiles y virtuosas.  

¿Qué es la autoestima?

La autoestima es un concepto que a menudo se ha malentendido y sobreutilizado. Una autoestima positiva y bien estructurada es aquella que demuestra quien se siente capaz y valioso, no sólo como producto de saberse amado y valorado, sino ante todo, como fruto de la satisfacción de percibirse como un ser productivo y capaz de contribuir positivamente al bienestar del mundo que lo rodea. De tal manera, que cuando a los hijos se les da mucho y se les exige poco, no se les convence de que son valiosos, sino de que no tienen nada que aportar. Y en esta forma se les priva de las recompensas de sentirse a gusto consigo mismos y satisfechos por sus contribuciones.

La semilla que dará frutos:

Los seres humanos estamos llamados a dar y a contribuir, tanto como las plantas a florecer y a dar frutos. Así, la autovaloración resultante de saberse capaz de colaborar activamente con el bienestar de los demás, es la semilla de una autoestima que promete dar grandes frutos. Entre más se les impulse a los hijos a que aporten y sirvan, inicialmente en su hogar y posteriormente a su comunidad y a los demás, mayores serán las posibilidades de que se formen un buen concepto de sí mismos y lleven una vida plena y satisfactoria. Está visto que las personas más realizadas no son las que tienen más sino las que dan más. Recordemos que la verdadera felicidad, que tanto deseamos para los hijos, dependerá, ante todo, del bienestar que siembren, de las buenas obras que cultiven y de las satisfacciones que logren cosechar.

"Egoestima"

Sólo colabora cuando se le obliga a hacerlo o cuando puede obtener algún beneficio. 
Culpa a los demás o a las circunstancias de sus fallas o errores.
Actúa para lucirse o motivado por los beneficios que pueda obtener. 
Cree que su valor personal depende de las opiniones de los demás. 
Sólo ayuda a quienes le conviene y por algún interés.
Es desmotivado y constantemente pide algo más. 
Está más concentrado en lo que le falta que en lo mucho que tiene.

"Autoestima"

Le gusta colaborar y lo hace con agrado sin esperar algo a cambio. 
Es capaz de reconocer sus errores y admitir que se equivoca. 
Actúa en forma desinteresada y antepone el bien común al individual. 
Sabe que su valor personal depende de sus cualidades individuales. 
Está dispuesto a ayudar a los demás sin interés en lo que puedan ellos darle. 
Es entusiasta y goza con todo. 
Es agradecido y cuida lo que tiene. 

Jorge Bucay 
Médico psiquiatra y psicoterapeuta gestáltico. Nació en Buenos Aires en 1949. Autor de nueve obras: Cartas para Claudia, Recuentos para Demián, Cuentos para Pensar, De la Autoestima al Egoísmo, Amarse con los ojos abiertos, El camino de la autodependencia, El camino del encuentro, El Cochero y El camino de las lágrimas, los cuales han figurado por mucho tiempo en la lista de best-sellers. Su último libro "El camino de las Lágrimas", es el tercero de la colección Hojas de Ruta, constituida por cuatro títulos
Para ver más temas relacionados con nuestro ego seguir el link del titulo y accede al blog continuacion






 Richard Moss




Richard Moss es un maestro de conciencia que desde hace 30 años y en diversas
partes del mundo se dedica a dictar charlas, seminarios y programas de
formación para compartir sus reflexiones acerca de temas como: ¿Qué es una vida
bien vivida? ¿Cómo evitamos la relación con nosotros mismos? ¿Qué es el mandala
del Ser? ¿Cómo caemos en el sufrimiento innecesario? Conduce talleres y
seminarios vivenciales tanto para principiantes como para quienes quieren
profundizar en el camino del verdadero auto conocimiento.  Auspiciado por
la Fundación Harmonía Humanitas que desde hace 15 años publica sus libros y
difunde sus enseñanzas. 
El lenguaje de Richard es accesible y siempre conectando lo místico con lo
humano, el cuerpo con el alma...



Es un modelo y un proceso práctico de investigación, de encuesta para comprender como
la mente se aleja del presente, como nos desconectamos de nuestro ser esencial.


Conozco como mandalas fomas geométricas que se utilizan para meditar, etc.
mandala del ser tiene alguna relación con ésto?


Los mandalas son formas de arte sagrado, formas de hacer representaciones del ser,
particularmente los procesos en la mente que nos lleva a la realización ó a
auto-engaños cargando la ilusión.
La palabra mandala es una palabra antigua en sánscrito que significa
"Circulo", que son imágenes muy viejas se encuentran incluso en las
cuevas Paleolíticas. La esencia del mandala es un circulo con una orientación
muy fuerte hacia el centro y con cuatro direcciones básicas. Lo que estoy
enseñando es que el centro del mandala es el momento presente, que es donde
nosotros vivimos. No hay otra realidad, todas las otras realidades son
mentales, estamos siempre en el ahora. Las cuatro otras direcciones son los
cuatro únicos lugares donde siento que nos puede llevar la mente sacándonos del
momento presente.
Nos lleva, nos saca hacia la realidad psicológica. Estas cuatro direcciones son
la mente hacia el pasado, hacia el futuro. Va hacia una identificación con
aquello que nosotros llamamos yo, son básicamente creencias o juzgamientos
acerca de nosotros mismos, o va en la oposición opuesta al sujeto hacia el
objeto que son creencias, historias, juzgamientos acerca de otros, de la vida,
de nuestra situación, salud, dinero, esposos, esposas, etc… Entonces son
construcciones mentales y cuando nos identificamos con ellas se convierten en
nuestra realidad, en nuestra sensación de ser y cuando volvemos al momento
presente, entramos en un nivel de conciencia más profundo y en ese momento
somos capaces de poder observar nuestros pensamientos acerca del pasado del
futuro de los otros y de nosotros mismos. Empezamos a aprender como romper el
agarre que tiene en nosotros el apego de la identificación. Entramos en estados
fundamentales y esenciales de conciencia, en la medida que la mente va yendo
más en profundo empezamos a tener acceso a la sabiduría intuitiva, una
sabiduría sin tiempo, atemporal.



Cómo subimos los niveles de conciencia, nuestros propios niveles de
conciencia, en ese mandala que permanentemente se mueve, nos lleva hacia el
futuro, hacia el pasado?


Es como una brújula que estás tratando de navegar, tienes que saber de dónde empezar,
sino la brújula no te sirve. Una brújula ordinaria te enseña dónde está el
norte y dónde esta el sur, ésta en cambio te enseña a que siempre empieces
desde el ahora y sino estas en el ahora sólo puedes estar en cuatro lugares,
esta es una forma radicalmente diferente de acercarse a la terapia radical
desde el punto de vista de la psicología antiquísima si pensamos en practicas de
conciencia y meditación.
La primera cosa que tienes que aprender es estar en tu cuerpo, después tienes
que aprender a permitir cómo tu cuerpo se relaja. Cuando el cuerpo se relaja la
naturaleza de tus sentimientos, tus sensaciones tiende a ser positiva. Cuando
la naturaleza de la sensación o de los sentimientos que tienes es positiva la
mente tiende a estar calma. Cada vez que la mente se mueve alejándose del ahora
el cuerpo tiende a estar tenso, cuando la mente y el cuerpo están en el mismo
lugar, el cuerpo esta fluído, relajado, blando, suave. Si está surfeando o
danzando está en el flujo. Estos son los estados que nos dan una sensación
natural de dicha, el momento que la mente se aleja del cuerpo del ahora y en
ese momento empezamos a ser desdichados, infelices. No hay forma que puedas ser
feliz, no hay forma de que puedas identificarte con el pasado y estar libre de
estrés. No importa lo que recuerdes del pasado disminuye la real experiencia
del presente. No hay forma de tener un presente vívido cuando la mente está en
el futuro.
El futuro nos va a hacer que tengamos miedo, que estemos ansiosos o que
tengamos esperanzas, vamos a contarnos una historia que nos asusta o nos llena
de angustia o una que nos llena de esperanzas, pero no puede estar viva con mucha
vitalidad si tu mente está en el futuro; no hay forma de que puedas tener
creencias acerca tuyo que sean saludables. Las creencias acerca de uno mismo
van a ser grandiosas o depresivas. Por ejemplo, la persona que piensa que
"el mundo debería ser diferente" es grandiosa y la persona que siente
que la gente que no hace lo que ellos creen que tienen que hacer van a estar
enojados, van a sentirse lastimados. A medida que la mente se aleje más y más
del ahora nosotros sufrimos y la vida se hace más y más insatisfactoria,
entonces empezamos a creer que vamos a obtener la satisfacción en algún punto
en el futuro, así que nunca estamos descansando, nunca somos suficientes tal
cual somos. Cuando la mente está activa es imposible ser suficiente tal cual
somos. Esta enseñanza es en realidad acerca de empezar desde diferentes puntos
de vista, no que voy a conseguir la completitud, sino que ya soy la
completitud. La mente es lo único que me puede hacer sentir incompleto entonces
nos convertimos en discípulos de nuestros pensamientos y no existe una cosa tal
como que haya un pensamiento que sea realmente cierto. La validez de cualquier
pensamiento es un pensamiento anterior y si lo sigues hacia atrás eventualmente
vas a llegar a un lugar donde no hay pensamiento o seguirás yendo en círculos,
círculos, círculos de pensamientos, círculos vastos de teorías Psicológicas,
miles de libros, millones de opiniones, pero la única validez de cualquiera de
ellos es un pensamiento diferente, pero no estamos completos y realizados mientras
estamos pensando, sin embargo seguimos tratando de cambiar el pensamiento para
que nos lleve a la felicidad. En el Este entendieron esto, ellos aprendieron a
dejar que la mente entre el silencio, cuando la mente entra en silencio empieza
a surgir la paz, cuando la paz empieza a emerger empiezas a ver más claramente
la realidad y a ver que lo que llamamos realidad es una extensión de tu mente.



Cómo se hace para bajar la velocidad de la mente, para silenciarla?


Observas sin preferencias, sin juzgamientos. Es una práctica. Le das a la mente algo en
qué enfocarse en el momento presente en vez de dejarla que corra de un
pensamiento a otro, la disciplinas para que mire simplemente a una sola cosa
entonces los otros pensamientos empiezan a silenciarse.



Quién observa a la mente?


Esa es la cuestión. Eso es lo que todo el mundo debiera ver como obvio. Hay un pájaro,
hay alguien que está experimentando la percepción del pájaro y algo más que
está conciente de todo eso. Hay una experiencia. Alguien a quien la experiencia
le está gustando o no y otra cosa que está conciente de las dos situaciones.
Para la persona que está durmiendo solo hay dos, yo y mi experiencia, yo y tú,
"yo quiero más dinero", "yo no tengo suficiente dinero",
"yo quiero tener mejor sexo", "no eres un buen amante",
pero no hay un tercero, una persona que está en el sueño no tiene un tercero
que ve el sueño.
Cuando la mente se silencia empiezas a realizarte y hay allí una conciencia más
profunda que no tiene preferencias y que el yo no es real. El yo es creado por
la identificación con la corriente de pensamientos, como puesto a observar la
corriente de pensamientos. La cuestión es qué metodología debería ayudar a la
gente a liberarse del estrés, vivir con mayor sabiduría, no la sabiduría que
adquieren por creer en algo por leer algo. La verdadera sabiduría, o sea que
saben, porque viven lo que están viviendo, porque elijen lo que están
eligiendo, debería ser posible hacerle cambiar a una persona su comprensión
relativamente rápido, pero también comprender por qué no quieren cambiar. Al
final la metodología es de lo que realmente estamos hablando. Entonces el
Mandala del Ser es una metodología para volver al presente y básicamente, lo
que está diciendo es que quien realmente eres comienza en este mismo momento y
si te identificas con tus pensamientos, tus pensamientos se convierten en tu
sensación de ser, tu sensación de quién eres, pero no quien realmente eres.



Esta experiencia de observación a la mente es apta para todos los niveles de
conciencia?, porque da la sensación que es más una experiencia espiritual.


Es apta para todos los niveles de conciencia. Una persona que está más conciente
haciendo negocios es más efectiva haciéndolos. La primera reacción en una
conversación digamos es una reacción biológica, estás de acuerdo o no lo estás.
Si me amenazas me haces sentir inseguro, una persona que está escuchando desde
el punto de vista de estar a salvo, de estar segura, es alguien que escucha de
una forma muy pobre, una persona que está escuchando, estando conciente desde
su propia inseguridad puede escuchar desde un lugar donde puede ver, estoy
escuchando una forma que hace a la otra persona sentirse insegura? Si estás
haciendo negocios cómo podrías escuchar y hacer que la otra persona se sienta
segura a salvo, registras cuáles son sus metas, tratas de entender cuáles son
sus circunstancias, sus propósitos, de qué tiene miedo y qué se interpondrá
entre la capacidad para cumplir sus propósitos y sus metas. Entonces entiendes
todas estas cuestiones en tu propia mente porque aprendes a ver tu mente, a
observarla. Ahora escuchas a otro de una forma mucho más efectiva, estas
escuchando los puntos de vista de interconexión, de intersección con el otro;
que mis metas, circunstancias y propósitos puedan intersectarse con los tuyas.
En realidad la buena comunicación es espiritual. Cualquier cosa que te permite
entender la realidad de otra persona es espiritual, cualquier cosa que te ayuda
a ser una mejor persona con relación a los otros es espiritual. A mi no me
importa si cae en la categoría de psicoterapia o en la categoría de coaching
sigue siendo espiritual, porque entender a la mente es entenderte a ti mismo.



Cuando habla de la mente involucra también a las emociones?


Un pensamiento no puede existir sin una emoción, un pensamiento desaparecería a
menos que esté apoyándose a una emoción, de un sentimiento, en un instante el
pensamiento genera una emoción, en un instante una emoción genera un
pensamiento. Cuando la mente está en el futuro ese pensamiento nos hace
ansiosos o llenos de esperanza, entonces el ahora se convierte en ansiosos o
esperanzados, pero no se convierte en aquello que es, si estás en el futuro no
ves los pájaros, no tomas nota del mundo, porque estas ansiosa o porque estas
esperanzada, entonces tienes el sueño ansioso o el sueño esperanzado. Cuando la
mente está en el pasado con cualquier tipo de memoria la mente va a generar
remordimiento, nostalgia o culpa. En realidad el pensamiento y la emoción son
la misma cosa, son la cara y seca de la misma cosa. Cuando hablas acerca de
pensamientos… libros, libros y libros llenos de ideas, no es obvio cuál es la
emoción, hasta que estás en desacuerdo con las ideas de esa persona, las
creadas por la mente académica son parte de la identidad del académico. Los
psicoanalistas defienden las teorías psicoanalíticas, como los musulmanes
defienden el Musulmán y los cristianos defienden el Cristianismo, entonces la
información intelectual es acerca de estar a salvo, de estar seguro, de la
emoción de estar a salvo de estar seguro, el sentimiento de estar a salvo de
estar seguro. 
Mis ideas son las correctas, yo soy mejor que tú porque mis ideas son mejores
que las tuyas, entonces se produce la sensación sutil de ser especial. Hay un
mundo de pensamientos que está encima de nuestro mundo y cuando creemos que ese
mundo es nuestro no estamos en él, entonces es imposible leer un libro de
enseñanzas, un libro de textos y sentir dicha, podrás sentir curiosidad, podrás
sentir que tu mente está excitada, pero sentir verdadera dicha, sentir
completitud, sentirse completo, sentir yo soy suficiente tal cual soy. De hecho
nos hacemos insensibles con libros.



Ahora esta completitud de la que usted habla es vivir el presente?

Si.


Nuestro presente es una consecuencia de un montón de hechos del pasado?


Eso no es verdad, es una creencia, si no te identificas con el pensamiento del pasado, no es tu pasado. 
Entonces hay gratitud, estoy agradecido de…



A pesar de mis errores?


Si yo estoy viviendo en este momento y soy suficiente tal cual soy, cada uno de esos errores me ha producido estar aquí y ser quien soy. Hay ciertas clases de
emociones que no son parte del pensamiento, no puedes tener enojos sin
pensamientos, pero puedes perdonar sin pensamientos, puedes tener dicha sin
pensamientos, puedes tener confianza sin pensamientos, bienestar sin
pensamientos, autenticidad sin pensamientos, gratitud sin pensamientos, pero no
puedes tener culpa sin pensamientos, ansiedad sin pensamientos, grandiosidad
sin pensamientos, estar deprimida sin pensamientos, autoimportancia sin
pensamientos, enojos, celos, envidia sin pensamientos, pero puedes tener dicha
sin pensamientos y el verdadero amor es sin pensamientos, gratitud, entusiasmo
es sin pensamientos, estos son innatos, no son creados por la mente. No puedes
enseñar a una persona con pensamientos a tener gratitud.



La gratitud es algo que tenemos que adquirir o es algo que tenemos que despertar?



Hay prácticas que te ayudan a despertar la gratitud. La gratitud se despierta naturalmente.



Es inherente al Yo, al ser?

La gratitud es inherente al ser en la vida.



Cuando se empieza a trabajar el mandala del Ser, el objetivo se podría decir, que es el de conectarse con el presente y la gratitud, o el presente nos
trae la gratitud?


El presente trae la gratitud, pero hay prácticas que te pueden guiar hacia la gratitud. Igual es necesario en esas prácticas decirles gracias y si a
cualquier sentimiento, a cualquier emoción que se nos presente Supongamos que
has estado casada por veinte años y tu marido te dice que te deja y no lo
esperabas, así que hay enojo, dolor, confusión y todos esos sentimientos crean
pensamientos y el pensar crea sentimientos y esto sigue y sigue...
Y qué pasa si dijeras: "Dolor, gracias" "otra forma de dolor…
gracias", "soledad gracias", "enojo gracias",
eventualmente tu mente se va silenciando, cuando tu mente se silencia tu
corazón se va a abrir, dejarás de tener miedo por ti misma, empezarás a sentir
compasión por el otro, todo el mundo está buscando estar vivo, con vitalidad,
en realidad no está tratando de dejarme a mi, está tratando de encontrar
vitalidad. Muy poca gente va a tomar o tomaría este camino, pero es un camino y
funciona. La sociedad en realidad premia el sufrimiento.
En realidad hasta se define a la humanidad en términos de celos, enojos. No la
definimos en términos de trascendencia, realización, con capacidad para
perdonar. El sueño soporta el sueño, pero una persona que dice gracias llegará
al ahora. La cuestión es si la capacidad para decir gracias tiene la misma
energía que el poder del enojo, del dolo. La mente en la mayoría de la gente es
débil y por eso no puede quedarse aquí en el ahora, porque no puede estar en el
ahora, puede estar en el pasado, en el futuro y en las historias a cerca de los
otros o de otros y de yo, de él mismo. Todas las emociones son predecibles, de
acuerdo a donde esté la mente, pasado, futuro en otros o yo. Entonces la mente
que es fuerte, no es una mente académica, intelectual, está aquí, está en el
ahora, es lo que es, es muy fuerte, muy espaciosa, no está concentrada, esa
mente experimenta su belleza sin pensamientos, experimenta el reino del cielo
ahora y construye relaciones muy diferentes, experimenta compasión, escucha de
una forma muy diferente.
Una mente fuerte no es fuerte porque es cabeza dura, esa es una mente cerrada,
la mente fuerte ve las cosas como realmente son y no se da vuelta, no se aleja
y no juzga. Entonces mi trabajo básicamente es ayudar a las personas a que sus
mentes se hagan más fuertes, eso no es lo que enseñan las escuelas o las
universidades, nos enseñan a usar el intelecto para sobrevivir, en realidad es
una supervivencia psicológica en términos del yo separado, si yo sobrevivo, si
tú tienes más que yo, yo tendré menos, entonces la mente débil siempre está en
conflicto o consigo misma o con los otros y no puede quedarse en el ahora.
Entonces si podemos aprender a quedarnos en el ahora hacemos una mente más
fuerte, por qué lo dejamos, por qué nos alejamos del ahora, porque un niño no
sabe como quedarse con la soledad, el abandono, el miedo, entonces muy temprano
al otro día empezamos a escaparnos del ahora y nos escapamos al mundo de la
mente que está construido alrededor del concepto de autoprotección.



Nos podría dar el ejercicio más simple que conoce para poner la mente en el presente?

Decir gracias. Cuando sientas que tu mente y tu cuerpo no dicen gracias, dile gracias a eso. Después de decir GRACIAS a TODO por un día, te despertarás.



Gracias!

Ese un buen comienzo.

Entrevista realizada en el mes de Agosto del 2007 por Maga. Intérprete: Roberto Solari



 El Misterio y la psicología como alquimia 
Dr. Scott Peck


Durante muchos años, he tenido un mentor.  Nunca lo he conocido, puesto que me llega desde una dulce y breve historia hasídica.  Era un rabino que vivía en un pequeño pueblo ruso a fines de siglo.  Y al cabo de veinte años de reflexionar sobre las preguntas y cuestiones espirituales más profundas de la vida, por fin concluyó que cuando llegó al fondo de las cosas, simplemente no sabía nada.
Poco después de arribar a esa conclusión, el hombre estaba cruzando la plaza de la aldea camino a la sinagoga, a rezar.  El cosaco (policía zarista local del pueblo) estaba de mal humor esa mañana y pensó en desquitarse a costa del rabino.  De modo que gritó:
—¿Eh, rabino, adónde diablos cree que va?
El rabino repuso:
—No lo sé.
Esto enfureció aún más al cosaco.
—¿Qué quiere decir con que no sabe adónde va? —ex­clamó con indignación—.  Todos los días a las once de la mañana cruza usted la plaza de este pueblo camino a la sinagoga a rezar, y he aquí que son las once de la mañana, se encamina usted en dirección de la sinagoga y trata de decirme que no sabe adónde va.  Está burlándose de mí y le enseñaré a no hacerlo.
Así que el cosaco apresó al rabino y lo llevó a la prisión local.  Y cuando estaba a punto de arrojarlo a la celda, el rabino se volvio hacía él y comentó: —¿Ve?  Uno nunca sabe.
De modo que no sé nada.  Nadie sabe nada.  Habitamos un universo profundamente misterioso.  En las palabras de Thomas Edison: “Ni siquiera empezarnos a entender un uno por ciento del noventa y nueve por ciento de nada”.

La psicología como alquimia
Ya que no hemos llegado demasiado lejos con las cien­cias exactas, permítame retroceder a mi propia ciencia “inexacta”: la psicología.  Algunos han comparado la psi­cología con la alquimia.  En los días de la alquimia —cuan­do los científicos, como eran en ese tiempo, intentaban cambiar los metales básicos en oro—, todo lo que se sabía sobre el mundo era que consistía de cuatro “elementos”: tierra, aire, fuego y agua.  Desde entonces, hemos descu­bierto la tabla periódica de elementos y sabemos que existen más de cien elementos fundamentales, como el hidrógeno, el oxígeno, el carbono, etcétera.  Pero la psico­logía todavía parece seguir como en los oscuros años de la alquimia.

Por ejemplo, tomemos el rasgo humano de la curiosidad, muy relacionado con este tema del misterio.  ¿Todas las personas nacen con la misma curiosidad o acaso la gente nace con distintos niveles de curiosidad?  ¿La curiosidad es genética o la adquirimos a medida que crecemos en nues­ta cultura?  ¿Es algo que se nos inculca o que ya poseemos?  No lo sabemos.  Una vez más, el amanecer de un cuerpo de conocimientos científicos sobre este rasgo humano tan importante todavía no ha llegado.
Si sabemos tan poco, ¿por qué los seres humanos pen­samos que sabemos tanto, cuando de hecho no sabemos nada?
Hay dos motivos: porque tenemos miedo y porque somos perezosos.
Es atemorizante pensar que no sabemos lo que estamos haciendo o adónde nos dirigimos y que somos niños inte­lectuales tropezando en la oscuridad.  Es mucho más tran­quilizador, por lo tanto, vivir con la ilusión de que sabe­mos mucho más de lo que en realidad sabemos.
También vivimos una ilusión porque somos perezosos.  Si despertáramos a la realidad de nuestra terrible ignoran­cia, o deberíamos considerarnos profundamente estúpidos o, al menos, abrir la puerta a una vida entera de aprendízaje trabajoso.  Como a la mayoría de la gente no le agrada considerarse estúpida ni embarcarse en una vida de esfuer­zo penoso, es mucho más fácil vivir en esta linda ilusión de saber mucho más de lo que en verdad sabemos.
El único problema de esto es que es una ilusión.  ¡No es real!  Tal vez recuerde usted que en La nueva psicolo­gía del amor definí la salud mental como un proceso continuo de dedicación a la realidad a toda costa.  Y “a toda costa” significa sin importar cuánto pueda desagra­darnos la realidad.
Ahora bien, en nuestra cultura evasora del dolor, no siempre se fomenta la salud mental.  Cuando alguien sufre un revés emocional, comentarnos: “Oh, pobre Joe, lo han desilusionado”.  Lo que deberíamos decir es: “Qué afortunado es Joe, lo han desilusionado”.  Pero en cam­bio, decimos:” Oh, pobre tipo, ahora ve las cosas tal como son, pobre hombre”.  Como si tomar conciencia de la realidad fuera algo malo.  De la misma manera, cuando las personas que están en terapia aceptan el hecho de que sufrieron abuso o fueron abandonadas durante la infan­cia, no podemos decir: “Oh, pobrecita”, porque este dolor que experimentan es, en última instancia, genera­dor de salud.
Desde luego, hay excepciones a todas las reglas y soy un gran defensor de lo que los psicólogos denominan “ilusiones saludables”.  Por ejemplo, si un médico sufre un ataque cardíaco, tiene el doble de probabilidades de morir en terapia intensiva que alguien que no sea médico.  La razón es que el médico sabe todo lo que puede salir mal, en tanto que otra persona diría: “¡Oh, sólo tuve un ataque cardíaco!”  De modo que en ocasiones, la ilusión puede ser saludable.
No obstante, en conjunto, creo que es bueno que nos desilusionemos.  Por lo general, cuanto más adaptados estamos a la realidad, mejor es nuestra vida.  Pero sólo podemos vivir en un mundo de realidad si poseemos afi­ción por el misterio.  Puesto que la realidad de la situación es que nuestro conocimiento es como una pequeña balsa que se agita en el mar de nuestra ignorancia, en un océano de misterio.  Y las personas en esa situación no tendrán suerte si no les gusta el agua.  Y la única manera en que tendrán suerte es si aman el misterio, si aman sumergirse en él, nadar y chapotear en él, beberlo y saborearlo.  En­tonces, serán muy afortunadas.

Curiosidad y apatía
Una de las cosas que tienden a caracterizar a las per­sonas menos saludables mentalmente y menos maduras es su falta de afición por el misterio o su falta relativa de curiosidad.  Lo que más me perturba cuando visito un hospital psiquiátrico no es la demencia, ni la ira, ni el temor, ni el enojo, ni la depresión, sino la apatía.  A veces es inducida por drogas, pero los individuos con trastor­nos mentales suelen caracterizarse por una apatía terri­ble.
¿Qué pasa con las personas saludables cuando empieza a nevar?  Se acercan a la ventana, miran hacia afuera y comentan: “Eh, está empezando a nevar”, o “Guau, está nevando muy fuerte”, o “Ah, vaya tempestad de nieve”.  Pero en un hospital psiquiátrico, cuando alguien dice: “Eh, está empezando a nevar’, los pacientes suelen res­ponder: “No interrumpas nuestro juego de cartas”.  O no desean interrumpir sus delirios.  Y no se levantan y se acercan a la ventana, y no miran hacia afuera para contem­plar el misterio de la nieve.
Otra forma que puede asumir la enfermedad mental en ciertas personas es que son tan incapaces de tolerar el misterio, que inventan explicaciones para cosas que en realidad son inexplicables.  Por ejemplo, un par de años atrás, recibí una carta de ocho páginas, muy triste, que estaba bastante bien organizada en la primera página, pero que de improviso mencionaba que el escritor tenía un hijo con el mal de Hodgkin.  A medida que la carta proseguía, la redacción del hombre comenzaba a volverse conside­rablemente más desorganizada.  Escribió:
Por supuesto, sin duda conoce usted, doctor Peck, la creencia antigua de que todos tenemos un doble eté­reo que nos acompaña y que existe un factor de disociación que tiene lugar entre nuestros cuerpos regulares, nuestros cuerpos materiales, y nuestros dobles etéreos y que la enfermedad es el resultado de este factor de disociación.”
No la conocía.  Es una teoría esotérica posible y a veces respaldada, pero hasta el momento, no existe la menor evidencia al respecto.  O sea que en cierto sentido, este hombre había encontrado una explicación para el mal de Hodgkin de su hija.  Quizás hallara solaz en librarse del misterio de aquella desgracia.  Pero su certe­za era ilusoria.
A la inversa, una de las cosas que caracterizan a los individuos más saludables es su gran afición por el mis­terio, y su profunda curiosidad.  Todo les despierta curio­sidad: los quásares y los rayos láser, los esquizofrénicos, los predicadores y las estrellas.  Todo les atrae.  La mayo­ría de nosotros, sin embargo, nos alineamos entre la salud mental total y la demencia absoluta, y en casi todos nosotros, la afición por el misterio permanece inactiva.
Cuando practicaba la psicoterapia, solía decir a mis pacientes que ellos me contrataban como un guía a través del espacio interior.  No me contrataban porque yo hubiera estado antes en sus espacios interiores sino sencillamente porque yo sabía un poco acerca de las reglas de la explo­ración de esos espacios.  En la práctica psicoterapéutica, el espacio interior de cada uno es diferente.  El viaje es distinto cada vez.  Eso es lo que lo torna tan interesante para mi.
Para explorar el espacio interior, uno debe ser un explo­rador.  Y para ser un explorador, se ha de tener una afición por el misterio.  Para Lewis y Clark, era el misterio de lo que yacía al otro lado de los Apalaches.  Para los astronau­tas, es el misterio del espacio exterior.  Para los pacientes de psicoterapia es primariamente el misterio interior de sí mismos.  Si durante el curso de la terapia, la curiosidad del paciente sobre el misterio de su infancia fuera despertada, y él comenzara a explorar recuerdos olvidados y la in­fluencia de algunas experiencias y acontecimientos en su vida, y también el misterio de sus genes y su carácter, y su herencia, y cultura, y sus sueños y lo que esos sueños podrían significar, entonces la terapia llegaría lejos.  Por otra parte, si en el curso de la terapia, la afición del paciente por el misterio de su herencia, o sus genes, o su infancia, o sus sueños, no fuera despertada, entonces no habría manera de que su viaje de exploración pudiera llegar demasiado lejos.
Me referí al “despertar” de la afición del paciente por el misterio porque creo —si bien aún no existe ningún cuerpo de conocimientos científicos para sustentarlo— que la afición por el misterio es algo que al menos en algunas personas puede ser desarrollado (como por ejem­plo, la afición por el whisky).  Excepto que la afición por el misterio es mucho más conveniente para desarrollar, dado que cuanto más bebe uno del misterio, más grande se torna el suministro.  Y no importa cuánto beba usted, nunca hay resaca y además es gratis.  No hay impuesto al consumo.  Es la única adicción que puedo recomendarle de todo corazón.


El misterio y el viaje espiritual

Vivir en el mundo real no es sólo el objetivo de la salud mental.  También es el objetivo del viaje espiritual.  Des­pués de todo, ¿qué es ese viaje espiritual sino una búsque­da del sentido real de la vida?  Con esperanza, buscamos al Dios real.
Una de las cosas confusas acerca de la religión es que la gente la adopta por diferentes motivos.  Algunos se acercan a ella para aproximarse al misterio, en tanto que otros lo hacen para huir del misterio.
No es mi intención censurar a aquellas personas que utilizan la religión para escapar del misterio.  Porque hay individuos que en un punto particular de su desarrollo psicoespiritual (como los alcohólicos que dejaron de be­ber gracias a Alcohólicos Anónimos, o los criminales recién convertidos a la vida moral) necesitan tipos de religiones, creencias y principios muy definidos y dogmá­ticos para regir sus vidas.  No obstante, es mi intención decirle que la persona madura espiritualmente no se aferra tanto aun dogma sino que se dedica a explorar, del mismo modo que un científico, y que no existe una religión completa.  La realidad, como Dios, es algo a lo que solo podemos acercarnos.

En nuestro empeño por comprender la realidad so­mos como un hombre que trata de entender el meca­nismo de un reloj cerrado.  Ve la esfera y las manecí­llas que se mueven, incluso oye su tictac, pero no hay forma de que pueda abrir la caja.  Si es ingenioso, tal vez pueda imaginar un mecanismo que podría ser responsable de todas las cosas que observa, pero jamás estará del todo seguro de que su imagen es la única capaz de explicar sus observaciones.  Nunca podrá comparar su imagen con el mecanismo real y ni siquiera puede imaginar la posibilidad del signifi­cado de dicha comparación.”

Estas palabras brotaron de la pluma de Albert Einstein, un hombre del que la mayoría de las personas diría que sabía más que nadie en el mundo; de hecho, su nombre se ha convertido en sinónimo de genialidad.  Y sin embargo, Einstein escribió que podemos observar y teorizar pero que nunca podemos saber.  La realidad es algo a lo que sólo podemos aproximarnos.
Una de las cosas de la que algunas personas religiosas son culpables es que dan a Dios por seguro.  Pero una persona madura sabe que esto no es así.  La realidad, como Dios, no es algo que podamos atar en un pequeño y prolijo paquete intelectual, meter en nuestro maletín y poseer.  La realidad, como Dios, no es algo que podamos poseer.  La realidad, como Dios, nos posee a nosotros.
El viaje espiritual es una búsqueda de la verdad, del mismo modo en que la ciencia es una búsqueda de la verdad.  La persona madura debe buscar la verdad exacta­mente de la misma manera que un científico, y tal vez con mas intensidad.  Porque así como algunos adoptan la reli­gión para escapar del misterio, otros adoptan la ciencia para huir del misterio.
Todos conocemos o hemos oído hablar de científicos que, por ejemplo, consagran su vida al estudio de la oxi­genación de los citocromos en sustancias homogeneizadas de tejido prostático de una paloma, con un pH 3.7 a un pH 3.9, y ése es todo su interés en el universo.  Se han adue­ñado de una pequeña área para sí mismos y han leído sobre el tema más que cualquier otra persona, de modo que su conocimiento del área es intachable y se sienten seguros.  Pero para buscar la verdad en serio, uno no puede hacer un nicho seguro y ocultarse en él.  Uno debe aventurarse a lo desconocido, a lo misterioso.
En mi práctica psicoterapéutica, mis pacientes solían decirme, no de una forma psicótica sino de una forma existencial común:
—Doctor Peck, estoy tan confundido...
—¡Qué bueno! —respondía yo.
—¿Qué quiere decir?  Es horrible —replicaban.
—No, no.  Significa que es usted afortunado —insistía yo.
—¿Qué?  Me siento muy mal.  ¿Cómo puedo ser afortu­nado? —contestaban.
Entonces, yo explicaba.
—¿Sabía que cuando Jesús pronunció Su gran sermón, las primeras palabras que dijo fueron: “Bienaventurados los pobres de espíritu”?
Hay varias maneras de traducir “pobres de espíritu”, pero en un nivel intelectual, la mejor traducción es “con­fundidos”.  Bienaventurados los confundidos.  Si pregunta usted por qué Jesús pudo haber dicho eso, entonces debo señalarle que la confusión conduce a una búsqueda de la clarificación y que esa búsqueda implica un gran aprendí­zaje.
Las personas que vivieron en el siglo XV, por ejemplo, no se acostaron una noche en 1492 pensando que la Tierra era plana y despertaron a la mañana siguiente sabiendo que era redonda.  Atravesaron todo un período de confu­sión y exploración cuando no sabían cuál era la verdad.  Y para que una idea vieja muera y sea reemplazada por una idea nueva y mejor, debemos pasar por esos períodos de confusión.
Es perturbador, a veces doloroso, atravesar esos perío­dos. Sin embargo, es afortunado, porque mientras pasa­mos por ellos, a pesar de sentirnos pobres de espíritu, estamos buscando nuevas y mejores formas.  Estamos abiertos a lo nuevo, estamos mirando, estamos creciendo.  Y por eso Jesús dijo: “Bienaventurados los confundidos”.  Gran parte del mal en este mundo es obra de personas que están muy seguras de saber lo que hacen.  No de personas que se consideran confundidas.  No es obra de los pobres de espíritu.
En La nueva psicología del amor dije que la senda que lleva a la santidad reside en cuestionar todo.  Busque, y encontrará usted suficientes fragmentos de verdad para comenzar a encajarlos.  Jamás podrá armar el rompecabe­zas.  Pero será capaz de encajar las piezas necesarias para empezar a vislumbrar la gran figura y ver que es en verdad muy hermosa.
Si la totalidad de nuestra vida está inmersa en el miste­rio y en realidad ignoramos adónde nos dirigimos, si somos niños intelectuales tropezando en la oscuridad, ¿cómo es que logramos sobrevivir?  Conozco sólo dos maneras de contestar esa pregunta.  Una es concluir que Scott Peck y Albert Einstein están equivocados y que sabemos mucho más de lo que se dice que sabemos.  La otra es inferir que en cierto modo, estamos protegidos.  Y esa, desde luego, es la conclusión a la que he llegado.  Ahora, por Dios, cómo funciona esa protección, no tengo idea salvo que, de alguna manera, es por Dios.
En mi oficina, tengo siete figuras de distintos ángeles en varios estados de desnudez.  Están ahí no porque yo haya visto alguna vez una criatura humanoide con alas.  Pero cuando reflexiono sobre la mecánica de esta protec­ción, la mecánica de la gracia, cómo Dios al parecer, puede literalmente contar los cabellos de nuestra cabeza (lo cual en mi caso se está volviendo actualmente una responsabilidad cada vez menor para Él), sólo puedo ima­ginarlo como teniendo ejércitos y legiones de ángeles a Su mando.
Creo que algunos de estos ángeles tienen de hecho forma humana.  Phyllis Theroux escribió una colección de ensayos espirituales vivaces titulados: Nightlights: Bedti­me Stories for Parents in theDark.  En uno de ellos, la autora relata una ocasión en que se presentó a un examen para ingresaren la administración pública.  Como es típico de tales exámenes, había cuatro o cinco preguntas obvia­mente destinadas a eliminar a los dementes o paranoicos.  Theroux cuenta que recordaba una sola de esas preguntas, que era ésta: “¿Se considera usted una agente especial de Dios?”
Durante un rato, Theroux se sintió paralizada al pensar en todos los beneficios de la administración pública que podrían depender de su contestación a esa pregunta.  Por fin, concluyó que no debía correr un riesgo innecesario, así que decidió mentir y escribió: “No”.
De modo que sospecho que existen algunos agentes especiales dando vueltas, protegiéndonos en tanto trope­zamos a lo largo de nuestro viaje oscuro y misterioso.  En especial, me gusta pensar que es así en la época de la fiesta de Todos los Santos, esa celebración cristiana y precris­tiana tan misteriosa.  Es entonces cuando suelo recordar una plegaria escocesa famosa pero anónima del siglo XVII que dice:
De los espíritus y fantasmas
 y las bestias pasilargas
 y de las cosas que se agitan en la noche,
 que el buen Dios nos libre de ellos.”

Permítame parafrasear esta plegaria conforme a nues­tras circunstancias de fines del siglo XX:

De los espíritus de nuestros sentimientos incomprendi­dos y hostilidades mal entendidas,
De los fantasmas de nuestras ideas obsoletas a las que nos aferramos y de las ilusiones de nuestro saber y competencia,
De las bestias patilargas de nuestra ignorancia y prejuicios y presunción,
Y de todas las cosas de las cuales ni siquiera sabemos lo suficiente para temerles que existen en la noche misteriosa más allá de nuestra limitada visión,


Que el buen Dios nos libre de ellos… a usted, a mí, y a toda nuestra infantil humanidad en pugna.


EL EQUILIBRIO ENTRE LA RAZÓN Y LA EMOCIÓN

Muchos aciertos, como fracasos ya hemos experimentado a través de nuestro vivir, más, en ambientes dinámicos, en donde se manifiesta día a día el que las emociones afloren, que dependiendo como estamos preparados para ello, obtendremos resultados que nos favorezcan o nos afecten.

Es importante a la edad que tiene al leer este escrito, se detenga a reflexionar cómo ha venido manejando, gobernando sus emociones o éstas lo han hecho por usted.

Sorprenderse inatento en el manejo de nuestras emociones pudo habernos conllevado a situaciones que dejaron huellas determinantes en nuestra conducta, comportamiento, personalidad, seguridad, buscando la forma de cómo recuperarnos y alcanzar esos niveles de armonía, felicidad, realización a la que tenemos derechos.

Sobre las vivencias que genera el adentrarse en el manejo de las emociones, se ha escrito en abundancia, no obstante muchos no le han prestado la atención requerida para sacarle provecho a esta atención.

Justamente sobre este tema, se sabe que esta sociedad de las “buenas maneras" y el control social han hecho de nosotros auténticos robots de las apariencias. Se ha perdido la espontaneidad.

La buena espontaneidad. También se ha abordado la inteligencia emocional como la habilidad básica de las personas para atender y percibir los sentimientos de forma apropiada y precisa. Como también la capacidad para asimilarlos y comprenderlos adecuadamente.

Desarrollando la destreza para regular y modificar nuestro estado de ánimo o influir respetuosa y magnánima en el de los demás. En la inteligencia emocional se contemplan cuatro componentes: percepción y expresión emocional. Se trata de reconocer de manera consciente qué emociones tenemos, identificar qué sentimos y ser capaces de verbalizarlas. Una buena percepción significa saber interpretar nuestros sentimientos y vivirlos adecuadamente, lo que nos permitirá estar más preparados para controlarlos y no dejarnos arrastrar por los impulsos.

-Acompañamiento emocional, o capacidad para producir sentimientos que acompañen nuestros pensamientos. Que lo acompañen, no que lo subsuman o lo dominen. Si las emociones se ponen al servicio del pensamiento nos ayudan a tomar mejor las decisiones y a razonar de forma más inteligente. Más racional. El cómo nos sentimos va a influir decisivamente en nuestros pensamientos y en nuestra capacidad de una elaboración (deducción) lógica.

-Comprensión emocional. Hace referencia a entender lo que nos pasa a nivel emocional, integrarlo en nuestro pensamiento y ser conscientes de la complejidad de los cambios emocionales. Para entender los sentimientos de los demás, hay que entender los propios. Cuáles son nuestras necesidades y deseos, qué cosas, personas o situaciones nos generan determinados sentimientos, qué pensamientos propician las diversas emociones, cómo nos afectan y qué consecuencias y reacciones facilitan. Empatizar supone sintonizar. Es ponerse en el lugar del otro, poder captar sus sentimientos, ser consciente de ellos. Hay personas que no entienden a los demás no por falta de inteligencia, sino porque no han vivido experiencias emocionales o no han sabido elaborarlas comprensivamente.

Quién no ha experimentado la ruptura de un amor o el sentimiento de pesar por la pérdida de un ser querido, es difícil que se haga cargo de lo que sufren quienes pasan por esa situación. Incluso cuando se han vivido por experiencias de ese tipo, si no se ha hecho el esfuerzo de vivirlas de manera explícita aceptándolas e integrándolas, no estarán suficientemente capacitados para la comprensión y elaboración emocional inteligente.

-Regulación emocional, o capacidad para dirigir y manejar las emociones de una forma eficaz. Es la capacidad de evitar respuestas incontroladas en situaciones de ira, provocación o miedo. Supone también percibir nuestro estado afectivo sin dejarnos arrollar por él, de manera que no obstaculice nuestra forma de razonar y podamos tomar decisiones de acuerdo con nuestros valores. También de acuerdo a las normas sociales y culturales.

Estas cuatro habilidades están ligadas entre sí en la medida en que es necesario ser conscientes de cuáles son nuestras emociones si queremos vivirlas adecuadamente
En conclusión, aprender a vivir es aprender a observar, analizar, recabar y utilizar el saber que vamos acumulando con el paso del tiempo. Esto se consigue solamente reflexionando sobre lo que se vive, no se trata de “meterle para adelante", sino de equilibrar acción y reflexión sobre lo actuado. Esto para posibilitar aprendizajes y permitir un procesamiento experiencial de los hechos que nos ha tocado vivir. Para convertirnos en personas maduras, equilibradas, responsables. También felices en la medida de lo posible, lo cual nos exige también saber distinguir, describir y atender los sentimientos. Y eso significa contextualizarlos, jerarquizarlos, interpretarlos y asumirlos como experiencia y responsabilidad propia. Porque cualquiera de nuestras reflexiones o actos en un momento determinado pueden verse contaminados por nuestro estado de ánimo e interferir negativamente en la resolución de un conflicto o en una decisión que tenemos que tomar.

De nosotros depende cómo debemos de saber manejar las emociones, nuestros sentimientos, de tal forma que nos den esos resultados que nos merecemos mientras permanecemos con vida.


Por Jaime Ariansen



El habito forma al ego


El agua labra gradualmente para sí un canal; a medida que fluye, el canal se profundiza y ensancha.
Sacar a un río de su lecho hacia un cauce nuevo es una gran empresa y sin embargo el hombre ha tenido éxito en lograrlo una y otra vez. Los hábitos son canales en nuestra manera de vivir y pueden ser buenos o malos. Podemos haber permitido despreocupadamente, que nuestras personalidades siguiesen todas las líneas de menor resistencia –así como lo hace el agua- cargándonos con una multitud de malos hábitos, o podemos haber dirigido nuestro carácter hacia buenos caminos; cualquiera de ellos que sea, el mero hecho de que los seres
humanos así como todas las restantes formas de vida tengan intensa capacidad para formar hábitos, es para nosotros una gran ventaja.
seamos criaturas con hábitos, es uno de los haberes más grandes que tenemos; los hábitos, tanto espiritual como físicamente, son una ventaja para nosotros; pueden ser herramientas poderosas con las que podemos tallar una imagen más digna de nosotros mismos. Nuestra capacidad para hacer la misma cosa una y otra vez, hasta que se transforma en una segunda naturaleza, es  nuestro pilar de fuerza y uno de los factores más grandes para nuestro progreso. Esto, junto con nuestra maravillosa adaptabilidad innata, como especie, nos da a la vez una elasticidad y un poder que no posee ninguna otra forma de vida. No sería exageración decir que no hay nada que no puedan hacer los seres humanos, nada que no puedan llegar a ser; es tan grande su ingeniosidad, su habilidad para verter sus talentos en nuevas vías, de ajustarse en forma permanente a situaciones nuevas. Sólo el hombre, como
especie, vive en los páramos helados de las regiones polares, en las estepas desérticas de las zonas áridas, y en lo más espeso de las junglas
ecuatoriales. Por lo general, en una generación, y si no, en dos
generaciones, el hombre más primitivo puede ser civilizado mediante un cambio de ambiente. Un niño que se ha criado desnudo en una aldea africana puede graduarse en la Universidad de Oxford . Es probable que hasta olvidaría que había sido, por así decirlo, un
cuando es más fácil para que la gente comience a formar hábitos es en su infancia. El arroyo que nunca ha fluido en dirección alguna, que sale
borboteando fresco de la tierra, está listo para correr en cualquier
dirección que se le abra. Si a un niño normal se le guía de inmediato hacia
buenos hábitos, tales como la veracidad, valentía, rectitud, honradez,
cortesía, afecto, bondad, laboriosidad y así por el estilo, partirá con una
estructura fuerte y excelente  a la que podrá agregar otros aditamentos de la vida tales como una carrera, educación, sentido del humor y relaciones humanas de su propia elección. Si parte mal, se cría en una atmósfera degradante de crimen, pecado, discordia, mentira, prejuicio, odio o ignorancia, comenzará naturalmente con los impedimentos de
sus malos hábitos; la personalidad habrá cavado muchos canales malos para su auto expresión. Y sin embargo, cuán a menudo podemos ver a los individuos más nobles, que se levantan del lodazal de un horrible medio ambiente en su infancia. Donde todas las puertas se hallaban abiertas para formar malos hábitos, el alma del individuo ha reaccionado y, discriminando entre lo que es limpio y precioso y lo que es sucio y degradante, se ha vaciado en moldes de hábitos diametralmente opuestos a los de su ambiente. A menudo sucede lo
opuesto; una persona que ha nacido con todas las ventajas de un buen
ambiente, buen ejemplo y oportunidad para mejorarse a sí misma, va a la
perdición. Estas excepciones a los modelos habituales de conducta se deben, sin embargo, a otro elemento de nuestras vidas –el libre albedrío- la fuerza que nos permite elegir deliberadamente un buen o mal camino de conducta. Fuerte como es el hábito, gira sobre un eje y ese eje es el poder de la voluntad; la máquina con que nacen todos los hombres, que está siempre a mano, lista para ser enganchada para cualquier tarea. Puede querer hacer algo y ese querer puede
ser lo suficientemente fuerte como para atravesar tierra, aire, fuego y agua. Los hábitos se pueden cambiar y tallar otros nuevos en su modelo de vida, no importa cuán viejo sea. Cuán a menudo nos encontramos con la receta común de que “el paciente debe desear mejorarse”; y es verdad ya que la voluntad debe verter el interés por la vida y la energía vital en el canal de la salud. Los psicólogos saben que se pueden destruir normas de conducta y crear otras nuevas; tanto en nuestras mentes como en nuestras vidas, mediante la voluntad. Si usted elige un hábito
nuevo, porque encuentra que lo necesita, decida mentalmente que usted es intensamente adaptable, que tiene en su interior una fuerza maravillosa –su alma- que pondrá un peso en la balanza y que, por encima de esa fuerza, se encuentra una aún mayor, que es la fuerza de Dios, la que busca ayudarle a perfeccionarse y a progresar y desarrollarse hasta que florezcan plenamente sus más elevadas potencialidades, empuje a su personalidad hacia este nuevo
canal. Lo más probable es que los primeros esfuerzos serán difíciles, porque el poder de la inercia deberá ser vencido; tiene que lograr empezar a moverse, tiene que fraguar en sí mismo una nueva forma; pero cada paso hacia delante le traerá un tremendo aumento de poder y la tarea se hará cada vez más fácil hasta que se convierta en un
que tiene un mal hábito, emprenda la tarea de demolerlo. Es posible
que la mejor forma de empezar, será pensando en lo que le gustaría tener en lugar de ese hábito....Cultive hábitos que le permitan conocerse mejor a usted mismo, de disfrutar de la vida mejor y más profundamente, de acercarse más a Aquél quien es su Creador y le ama mejor que ningún ser humano.Un hábito que necesitan casi en forma universal los residentes urbanos es el hábito de la fuerza y resistencia. No son necesariamente débiles físicamente, sino débiles de voluntad. Viven una vida de escape; están llenos de sed de diversión, de algo que les permita olvidarse de sí mismos, de calmantes para sus almas enfermas, hasta un grado que sobrecoge. Y la ciudad es el lugar del olvido. Lo artificial del medio, la alta velocidad de la actividad, la red de entretenimiento, cada uno compitiendo por el lugar más alto en el apetito público hacia el olvido, todos tienden a hacer que la gente de las ciudades esté más alejada de su verdadero yo que aquellos que viven una vida más tranquila, cerca de la naturaleza. La vida, no obstante toda su emocionante actividad, su poder y su vitalidad, es aún un asunto serio bajo muchos aspectos. El dolor, la tragedia, la enfermedad, la muerte, tocan en algún punto a todos los individuos, millonarios o mendigos. Si no se puede sentir profundamente, ya sea el júbilo o la agonía del alma, no se es gran cosa como ser humano, porque sentir es la verdadera característica de la materia viviente. Y si cuando la vida es dura, y de pronto nos propina un golpe amargo, usted no puede mantenerse de pie en el fuego y arder, comiendo su parte de dolor, soportando más bien que huyendo de él, usted no solamente es
una criatura débil sino que está perdiendo una de las cosas mejores que tiene la vida: la disciplina espiritual. Por lo tanto, la gente no
solamente debería elegir para sí hábitos saludables, sino también el hábito de extraer, desde el pozo interior de sus espíritus, fuerza y valentía para enfrentar y soportar la vicisitudes de la vida. Observemos cómo en las trágicas épocas de guerra, cuando la tensión que soporta el carácter humano a menudo llega a su nivel más alto, millones de hombres y mujeres descubren en
sí mismos profundidades que nunca supieron que existían cuando agotados hasta los mismísimos huesos, encuentran que todavía pueden seguir. Cuando asustados, en grave peligro, viendo muerte por todos lados descubren que sus pequeñas personalidades, tan desacostumbradas al horror y la tensión, se sobreponen para seguir adelante con fortaleza y valentía que jamás soñaron poseer. Esta es una de las pocas cosas buenas que alguna vez hace para
nosotros la guerra. Pone de manifiesto nuestro vigor, hace erguirnos sobre nuestras propias piernas y decir, “puedo soportar y soportaré”. Este naciente heroísmo, no importa cuán poco evidente sea en tiempos de paz, es la gloria del alma humana. No es tanto lo que soportan los cuerpos sino las almas. La gente se forma el hábito de ser todos los días inconscientemente, heroica. Qué maravilloso mundo sería posible construir en el futuro, si esto se practicase también en tiempos de paz y que esta dignidad y fuerza, engendradas por el peligro y el sufrimiento, pudiesen llegar a ser un hábito, parte de nuestra actitud permanente hacia los problemas de la vida. 


Articulo extraído de la obra de Ruhiyyih Rabbani " Prescripción para vivir"

 































4 comentarios:

Miguel dijo...

Documentos muy interesantes sobre distintos enfoques para conocernos a nosotros mismo; que nos influye, que nos afecta, que sabemos y que no...
Recomendable

Montse C. dijo...

Cuánto más leo y profundizo sobre la verdadera naturaleza de nuestro Ser, más y más se despierta algo en mi interior que me resuena, que me invita a seguir aprendiéndo y creciendo...
Muchas gracias!!

Norma dijo...

Excelentes documentos los aquí expuestos, que al leerlos siempre te llevas algo bueno, gracias por tan excelente página.

Silvia ( Silvianur) dijo...

Muy bueno , deberiamos hacer un agudo autoanalisis sobre el tema, para poder profundizar en nuestro ego, y de verdad trabajarlo, hacernos concientes de cuales son nuestras debilidades y virtudes, creo que tenemos herramientas en las manos para dar el primer paso ahora como dice allí reflexionemos sobre nuestras actitudes, es la única forma de avanzar y continuar creciendo, gracias por tan valioso documento, saludos!!!